Opinión: Dejen de llamarla Hillary
15 abril 2015
01:13 AM ET

Opinión: Dejen de llamarla Hillary

Por Peggy Drexler

Peggy Drexler es la autora de 'Our Fathers, Ourselves: Daughters, Fathers and the Changing American Family' y 'Raising Boys Without Men'. Es profesora adjunta en Weill Medical College de la Universidad de Cornell y es una exinvestigadora de género de la Universidad de Stanford. 

Este artículo contiene lenguaje que puede ser ofensivo para algunos.

(CNN)- Desde que se dio a conocer la noticia el fin de semana pasado respecto a que Hillary Clinton había anunciado su candidatura, lo que cabe destacar en medio del torrente de artículos de noticias es que muchos se refieren a ella solo por el nombre de "Hillary", como si fuera una estrella del pop en un traje de chaqueta y pantalón.

El New York Post publicó un artículo titulado Lena Dunham respalda a Hillary para presidenta, mientras TMZ, un sitio de noticias sobre celebridades, se refiere a la ex primera dama, senadora y ex secretaria de Estado de Estados Unidos por su nombre de pila en todo el artículo sobre el anuncio. Incluso The New Republic publicó un artículo acerca de su candidatura titulado No hay nada inevitable acerca de Hillary.

Ahora es lo suficientemente famosa como para usar un solo nombre, pero ¿debería hacerse?

Si bien podría decirse que Clinton es mucho más conocida que sus oponentes hasta la fecha, también es una exsenadora de Estados Unidos y una ex secretaria de Estado. No es Beyoncé. Y aun así, a pesar de su condecorada carrera en el gobierno, por mucho tiempo hemos llamado a Clinton por su nombre, y solo su nombre, como no lo hacemos con los hombres que han ocupado posiciones de poder similares, o incluso vagamente similares.

Según un estudio de la Universidad de Utah, a Clinton se le llamó por su nombre de pila cuatro veces más que a su rival de 2008, Barack Obama, y lo mismo sucede esta vez. Después de todo, Rand también se ha postulado para la presidencia. Marco también lo ha hecho. Sin embargo, cuando ellos lo anunciaron, en los titulares también aparecieron sus apellidos.

Existe una buena razón detrás de eso. Los candidatos presidenciales no solo son profesionales, sino son profesionales que declaran su candidatura para ocupar un puesto que, para muchos, es el más poderoso del mundo. Se trata de un puesto que no solo merece formalidad y respeto, sino dentro de un contexto global, parece requerir esos dos elementos.

Ser presidente de Estados Unidos es un trabajo serio. ¿Habrá algunos carteles de "Ted para presidente" en el futuro? Es poco probable. ¿Nos han animado a "Votar por Mitt"? No. Mientras tanto, el ejército de Estados Unidos es una de las organizaciones más reglamentadas del mundo, y entre sus valores, la dignidad y el respeto son la prioridad número uno. Los cadetes no llaman a sus oficiales superiores por sus nombres de pila, ni siquiera —quizá especialmente— si son mujeres. Entonces, ¿por qué nos estamos refiriendo a quien podría ser nuestra próxima comandante en jefe como si fuéramos parte de su círculo de amigos cercanos?

Antes de que remarques el hecho de que Clinton no es el primer miembro de la familia que cruza este particular umbral político, el problema aquí no es uno en un sentido práctico: el público estadounidense es lo suficientemente inteligente como para distinguir entre los dos Clinton.

George W. Bush no fue el primer miembro de su familia en postularse a la presidencia, y cuando lo hizo, los periódicos no iban por ahí señalando que "W" (o incluso "Dubya") quería ocupar la Casa Blanca. Él era simplemente Bush, como debió haber sido, al igual que Clinton es solo Clinton, una mujer que ha hecho un muy buen trabajo en diferenciarse de su esposo sin la necesidad de que se refieran a ella por su primer nombre para evitar que la confundan con alguien más.

Por supuesto, el hecho de llamarla por su nombre de pila no parece ser mal recibido: partes del sitio web de Clinton invitan a los lectores a "Dale me gusta a Hillary" en Facebook y a leer acerca de "La historia de Hillary", mientras parece que la etiqueta oficial de la campaña es #Hillary2016. El presidente de su campaña supuestamente le envió un correo a los posibles donantes con el siguiente mensaje: "Es oficial: Hillary se postula a la presidencia".

Quizá Clinton y sus asesores creen que su nombre de pila la hace más agradable y familiar. Quizás es un esfuerzo por distanciar a Clinton del otro estereotipo basado en el género que le impusieron la última vez, cuando ella era "the bitch" (la zorra) y Sarah Palin, "the ditz" (la despistada).

Sin embargo, aunque nos debería agradar nuestro presidente —si no es que desear tenerlo como un amigo personal— es mucho más importante confiar en él y respetarlo, y eso aún requiere un nivel de formalidad. Es importante que el público estadounidense pueda imaginarse que elegirán a un líder no a pesar de que es mujer, o incluso porque es mujer, sino porque, simplemente, resulta ser mujer.

Sin importar si ella aprueba la idea o no, llamar a Clinton por su nombre de pila, en el mejor de los casos, sirve para reforzar los estereotipos de género y los del lugar de trabajo —que las mujeres tienen que ser "accesibles", no ásperas o distantes, para hacer su trabajo y ser del agrado de las personas en el proceso— y en el peor de los casos, infantilizarla y ponerla en su lugar. Después de todo, existe una razón por la que nos dirigimos a los presidentes actuales y a los expresidentes como señor presidente cuando nos reunimos con ellos, y no decimos "¡Hola, Jimmy!".

Y si existe una razón por la que Hillary Clinton será electa como nuestra próxima presidenta, no es porque permitió que la llamáramos Hillary.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente de Peggy Drexler