6 naúfragos que sobrevivieron en la vida real
4 abril 2015
09:16 PM ET

6 naúfragos que sobrevivieron en la vida real

(CNN) - Es el tipo de cosas que ves en las películas, como el papel de Robert Redford en "Cuando todo está perdido" o en "Una aventura extraordinaria", de Ang Lee. Pero, en la vida real, es difícil aceptar la idea de que una sola persona quede varada en el mar durante días, semanas, y hasta meses, y viva para contarlo.

Sin embargo, los milagros sí ocurren, y no solo en Hollywood.
No estamos hablando de personas que flotan sin rumbo o se quedan encalladas después de que se les acabe la gasolina o que se ven afectadas por fuertes vientos solo para ser recogidos por la Guardia Costera de Estados Unidos unas horas más tarde.

Mucho menos comunes son los casos en los que los individuos se pierden en el mar durante el tiempo suficiente como para que se les acabe la comida o agua potable que llevaban a bordo, si es que la llevaban. Para sobrevivir, no pueden contar con la tecnología o la proximidad de una ciudad, pueblo o barco cercano, sino que deben depender del ingenio, la inventiva y la suerte.

Es difícil determinar cuántos de estos tipos de historias tienen un final triste, en el que un marinero muere en el mar, excepto que es un número mucho más alto que quienes son rescatados al final.

Tales finales felices sí ocurren... dado lo que las agencias de rescate han informado y confirmado sus versiones. Aquí van algunos ejemplos recientes:

66 días: utilizar ropa para atrapar peces

Louis Jordan dice que el partió de Carolina del Sur en su velero de 10 metros a finales de enero. Se dirigía a la Corriente del Golfo para buscar un buen lugar dónde pescar. Y luego todo —su bote, su vida— dieron un vuelco.

No solamente volcó su bote, sino que se rompió el mástil, dijo Jordan. Y lo mismo ocurrió con su hombro.

Ganó tiempo racionando el agua, y luego recolectó agua fresca en un balde. Y en cuanto a la comida, Jordan e utilizaba ropa para atrapar y recoger peces. Y se las arregló para tener un mástil y una vela improvisados.

Pero Jordan dijo lo siguiente: "Llevó mucho tiempo. Se movía tan despacio...".

Su velero se volcó otras dos veces antes de que la tripulación de un barco carguero de bandera alemana, el Houston Express, lo encontrara a más o menos 321 kilómetros frente a la costa de Carolina del Norte el jueves.

Después de encontrarse con su familia, su padre lo recibió con un abrazo y un reconocimiento que todo padre teme.

Desde México hasta las islas Marshall, comiendo pájaros y tortugas

José Salvador Alvarenga dice que su viaje comenzó en Paredón Viejo, un puerto en la costa del Pacífico de México, a finales de 2012. La fecha exacta es tema de debate: él dice que partió en diciembre, y los lugareños dicen que fue en noviembre. Pero lo que se sabe con certeza es que desapareció después de partir.

Hasta enero de 2013. Fue entonces cuando Alvarenga interactuó con humanos otra vez, a miles de kilómetros de distancia en un atolón remoto en las islas Marshall.

Náufrago narra cómo sobrevivió más de un año a la deriva en el Pacífico

Lo que se suponía iba a ser un viaje de un día, dice, se convirtió en una ardua odisea a través del Océano Pacífico, una que vio perder a su compañero de pesca y puso a prueba su voluntad y capacidad de sobrevivir.

Su pesadilla comenzó cuando los vientos sacaron a la pareja fuera de su rumbo. Luego les sobrevino una tormenta, lo que hizo que su bote, aproximadamente para tres personas a lo largo y una a lo ancho, perdiera su motor y el uso de sus sistemas de comunicación por radio y GPS.

Cuatro semanas después, Alvarenga dijo que su compañero —el joven Ezequiel Córdova, de 23 años de edad, según el dueño del bote— murió debido a que se negó a comer pájaros crudos.

Los días, las semanas y los meses se mezclaron después de eso. Alvarenga dice que bebió agua de lluvia y, cuando no podía obtenerla, bebía su propia orina. Comía tortugas marinas.

Luego, después de 13 o 14 meses a la deriva, él y su pequeño bote, que estaba fuertemente dañado, llegaron al atolón Ebon, el cual está más o menos a 22 horas en barco desde Majuro, la capital de las islas Marshall. El atolón tiene una línea telefónica, no hay servicio de Internet y tiene pocos residentes; Alvarenga vio a dos de ellos y les gritó luego de pasar una noche en el bosque.

El nativo de El Salvador le dijo a CNN que su fe en Dios lo ayudó a sobrevivir.

"Pensé 'voy a salir de esto'", dijo. "Salir, salir, salir".

Pescador de 67 años dado por muerto

Algunas personas que tienen sesenta y tantos años podrían relajarse en su jubilación, aminorando un poco el paso en esa etapa de la vida. Y si vives en Hawái, hay aún más razones para tomarlo con calma.

El asunto es que Ron Ingraham no es una de esas personas.

Él es un pescador. El mar es tanto su vida como su subsistencia, le dijo a CNN su hijo, Zakary. Y él es fuerte; su hijo en tono de broma lo compara con Rambo.

Aun así, incluso los pescadores más resistentes no habrían aguantado la prueba por la que Ron Ingraham pasó después de partir solo, más o menos para el Día de Acción de Gracias del año pasado, desde la isla hawaiana de Molokai.

Después de verse afectado por el mal tiempo, Ron Ingraham le dijo a KHNL/KGMB, afiliada de CNN, que su velero de 7,6 metros quedó "volcado toda la noche". En un punto, una enorme ola se le vino encima... y empujó su mástil hacia el agua, así como a él mismo.

El hombre de 67 años usó una cuerda para lograr subirse de nuevo. Pero su barco no pudo ser rescatado tan fácilmente, por lo que quedó a la merced de la corriente.

Hubo una llamada de emergencia, lo que generó una búsqueda que cubría 31.079 kilómetros cuadrados. Cuando un funcionario de la Guarda Costera le dijo que la búsqueda sería suspendida el 1 de diciembre, Zakary Ingraham le respondió "No tengo la sensación de que esté muerto. No lo siento".

Él tenía razón. Doce días después de esa primera llamada de emergencia, Ron Ingraham fue recogido a más o menos 103 kilómetros al sur de Honolulú, estando "débil, hambriento y deshidratado", pero lo más importante era que estaba con vida.

El pescador veterano se dirigió de vuelta a la orilla solo después de que le aseguraran que su barco dañado vendría con él.

Un superviviente en Panamá tras 26 días
En febrero de 2012, dos amigos le preguntaron a Adrián Vásquez, de 18 años de edad, si quería unirse a una expedición de pesca durante la noche. Él dijo que sí, y los tres partieron desde la ciudad panameña de San Carlos en un bote pequeño, recordó Nilsa de la Cruz, la madre de Vásquez.

Las cosas empezaron bien, según todos los testigos. Los tres agarraron suficientes peces. Entonces, el motor del barco se apagó repentinamente. Y debido a que tenían pocas herramientas y escasa experiencia de navegación, el trío no sabía qué hacer, de acuerdo con la madre de Vásquez.

Vázquez comió pescado crudo y bebió agua de lluvia mientras las corrientes arrastraban su bote, el Fifty Cents, cada vez más lejos de la costa, hacia el Océano Pacífico.

En algún lugar del camino, sus dos compañeros murieron. No está claro exactamente cómo; el contralmirante Freddy García Calle dice que Vásquez arrojó sus cuerpos al mar "porque ellos habían llegado a descomponerse".

La armada de Ecuador rescató a Adrián Vásquez, de 18 años de edad, luego de pasar 26 días a la deriva a bordo de un pequeño bote pesquero.

Más o menos 26 días después y a casi 965 kilómetros desde donde comenzó el viaje, un grupo de pescadores descubrieron el pequeño barco al norte de las islas Galápagos. La armada ecuatoriana llegó y recogió al sobreviviente adolescente, quien había bajado 20 libras y mostraba "indicios graves de deshidratación y desnutrición".

Él regresó a casa a encontrarse con sus seres queridos ansiosos por abrazarlo, pero conscientes de que debían darle tiempo para ayudarlo a procesar la terrible experiencia.

"Para nosotros, esta es una oportunidad de unirnos más como familia", dijo su madre por teléfono, "para volvernos más comprensivos y cariñosos".

Arrastrado 14 kilómetros costa afuera por un tsunami

A veces uno no tiene que estar en el océano durante semanas para poner su vida en peligro. A veces las personas no tienen que salir en barco para que el mar los desafíe hasta el final.

Si quieres prueba de esto, considera el caso de Hiromitsu Shinkawa.

Hombre de 60 años de edad agita una bandera roja para alertar a los rescatistas

Él estaba en la casa el 11 de marzo de 2011, cuando un enorme terremoto de una magnitud de 9,0 azotó a 371 kilómetros al noreste de Tokio. Luego se dio un devastador tsunami; sus olas de 9 metros de alto causaron destrozos en ciudades y pueblos y dañaron varios reactores nucleares. Tras el paso de las olas, casi 16.000 personas habían muerto.

Es un milagro que Shinkawa no fuese uno de ellos.

Poco después del terremoto, él y su esposa habían ido a recolectar algunas pertenencias cuando el tsunami destruyó su pueblo natal de Minamisoma. Su hogar fue uno de las decenas de miles en ser destruidos por la enorme y poderosa ola del tsunami.

"Me salvé al aferrarme del techo", dijo el hombre de 60 años, según Kyodo News Agency. "Pero mi esposa fue arrastrada por la corriente".

Más de dos días después, un video mostró a Shinkawa apenas visible en medio de montones de madera astillada, hogares destruidos y otros escombros que flotaban a más de 15 kilómetros en el mar. Él agitaba una bandera roja que él mismo había hecho.

Después de ser descubierto por la tripulación a bordo de un destructor japonés de la Fuerza de Autodefensa Marítima del Japón y luego de ser ​​recogido en un bote de rescate más pequeño, tomó un trago que le ofrecieron y se echó a llorar, informó Kyodo.

Shinkawa le dijo a quienes lo rescataron "pensé que hoy era el último día de mi vida".

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